lunes, 14 de noviembre de 2016

Las crónicas docentes- Hermanas Cossettini y Maestro Iglesias

Las hermanas Cossettini y el maestro Iglesias escribían sobre su práctica

Fragmento de "El Niño y su expresión" de Olga Cossettini
«Nuestra escuela está ubicada en el límite de la ciudad y el campo. El ruido que nos envía la ciudad por su camino central, brazo de unión con el norte santafesino, ruido incesante de motores en marcha, nos llega amortiguado, como nos llega amortecido el paso de las dragas y lanchones que surcan el río vecino. (...) los niños que bajan de los ranchos, de las casitas obreras y de las viviendas mejores, pueblan la escuela de bullicio hasta el sol de la tarde. Su ritmo es de juego y trabajo», escribió Olga Cossettini en El niño y su expresión, el libro que publicó
en 1938.

Fragmento de "Diario de ruta" del maestro Iglesias 
"No repetiré aquí cuanto dijimos y oímos en este primer día de reencuentros. Todo fue hablar y estallar de alegría al comienzo, preguntar sin responder, deambular por uno y otro lado de la escuelita. Después, cuando ya se habían agotado las sorpresas, impensadamente volvimos a hallarnos bajo el mismo techo, ocupando antiguos lugares y comenzamos.

Comenzamos con Platero. Yo les digo que había quedado aquí, en la escuela, esperándonos y, es claro, al principio no me creen, descubren la trampa fácilmente. Pero adentrados en la lectura, ya cambia todo. Veo los ojos claros de Horacio, ya lejos; y Albor, que se aplasta sobre el banco; y los más chicos, Beba, Norma, Abel, Rodolfo, Junco que entre página y página quedan poblados de imágenes, en beatífica comunión de espera.

Me gusta decirles hoy, sin preocuparme demasiado por la edad media de mi auditorio, que es hermoso ser como Platero, suave y tierno por fuera, duro y de acero por dentro. Ellos me comprenden con certeza, porque perciben asombrosamente hasta dónde creo yo todo cuanto digo; y porque no estoy filosofando porque sí, removiendo hojarasca de color, metiendo los índices aburridos de la Moral, sino que les estoy hablando con todo cuanto poseo, desnudo de sinceridad, sonriendo, sufriendo.

Cuando digo que Platero es duro por dentro, Horacio me ayuda: -“Tiene energía”- dice, y aprobamos todos. Después, escriben y dibujan. Antes tengo que ofrecerles algunas imágenes como burritos, y ellos se deleitan, miran como si fueran la primera vez, piensan, hablan. Ricardo pregunta:-“¿Cómo se llamaba el hombre de Platero?”.- Y varios decimos:

– El hombre…
“Tenía por dentro el corazón fuerte, de hierro- escribe Rodolfo y agrega: -En el campo olía las flores con timidez.”
“Con su paso de burro [detengámonos en esto: “su paso de burro”] lleva al hombre hasta el pueblo cercano”- concluye Horacio.
“Los ojos de Platero son negros y brillantes como estrellas- escribe Haydée; pero su humor da un salto, del lirismo a la risa; porque ella es esencialmente así: Después de comer pasto, su postre es una naranja; por eso el burrito es muy barrigón.”
Aquí Ricardo, raíz adentrada de la tierra pampa, como si viniera de don Segundo, habla a su manera:- “Platero es muy entendido. Tiene piel fina y un tranco muy cortito”.
Y Juancito Tarragona, realista insobornable, nos dice finalmente que Platero en el campo se pasaba oliendo las flores, “pero que algo comía…” (…) "

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